
Cada día, Ana pasa casi seis horas en su telar de cintura, creando güipiles: blusas tradicionales bordadas a mano que reflejan generaciones de arte Maya y de identidad.
En su hogar en Panajachel, Ana ha dedicado años a preservar esta tradición, a la vez utiliza su tejido para apoyar a su familia. Con 57 años, ha construido una vida entera de conocimientos a través de sus manos, su creatividad y las tradiciones que han sido transmitidas por generaciones en su familia.

Ana cursó estudios formales hasta el tercer grado de primaria, y como madre de dos hijos, el tejido ha sido una práctica cultural, también, una forma importante de contribuir a su hogar. Ana vende sus tejidos a amigos, familia y también a clientes a través de su página de Facebook, creando una fuente adicional de ingresos para su hogar.
Para Ana, el tejido ha formado parte de su vida desde su niñez. Aprendió por primera vez observando a su mamá, atraída por los colores y los diseños que se iban formando hilo por hilo. De niña, le gustaba tejer porque le daba tiempo estar cerca de su mamá y aprender de ella.

“Estaba con mi mamá cuando ella estaba tejiendo. A mi me agarraba armonia para hacer un mio. Y luego estuve con ella, fui aprendiendo…Pero siempre me gusto tejer desde pequeña..y ver a mi mama tejiendo. Me agarraba esa armonia de querer estar junto con ella tejiendo.”
Hoy en día, Ana disfruta particularmente crear dibujos, es decir, diseños complejos tejidos, que hacen que cada pieza sea única. A través de cada patrón, conserva conocimientos que han sido transmitidos de generación en generación entre mujeres Mayas.
Para seguir fortaleciendo sus habilidades, Ana participa en la Escuela Técnica y Emprendedora de Natün. Se integró nuevamente a clases de tejido en telar de cintura, donde aprendió más habilidades técnicas como: trabajar con distintos hilos y medir los diseños con pulgadas.
Actualmente, Ana está tomando clases de costura y bordado, y recientemente se graduó de la primera etapa del curso de Corte y Confección.

Ana también forma parte del primer grupo de mujeres que reciben “Aprendo y Emprendo” una guía que fortalece habilidades personales y técnicas de emprendimiento, mientras apoya a mujeres indígenas en el desarrollo de negocios rurales basados en sus conocimientos y tradiciones.
Estas oportunidades permiten que mujeres como Ana aprovechen sus conocimientos y habilidades, mientras amplían maneras de generar ingresos que están enraizados en la cultura y la comunidad.
A la misma vez, Ana les ha enseñado a sus hijos a tejer, con la esperanza de que este conocimiento permanezca con ellos en el futuro. Para ella, el tejido no es solo una fuente de ingresos hoy, pero si es una habilidad que puede servir como respaldo para sus hijas si algún día necesitaran una forma de sostenerse.
“Si algún día… si ellos algún día no tienen trabajo, si no encuentran, se pueden sostener haciendo tejidos.”
La historia de Ana refleja más que una oportunidad económica. Es una historia de conservación cultural, resiliencia y de cómo las mujeres Mayas enriquecen a sus familias a través de conocimientos transmitidos de generación en generación.
Te invitamos a conocer el proceso creativo que Ana transmite en cada uno de sus tejidos, continuando así con esta tradición intergeneracional.

